¿Qué sabemos realmente del 2 de octubre? ¿Por qué es una fecha que hay que recordar? La llamada ‘masacre de Tlatelolco’, es el acontecimiento que no podemos olvidar porque es el antecedente de lucha de la autonomía y libertad, donde participaron principalmente estudiantes, profesores e intelectuales; pero también obreros y profesionistas.

Históricamente, era un momento importante para los intereses superiores del país; México se volvía el primer país latinoamericano, en vías de desarrollo y de habla hispana, en organizar un evento de talla internacional: los Juegos Olímpicos. Por otro lado, se encontraba un movimiento opositor al gobierno represor del priista Gustavo Díaz Ordaz.

Debido a que faltaba poco tiempo para dicha celebración, las medidas de seguridad aumentaron en la Ciudad de México, y el despliegue de los militares alrededor de las sedes deportivas era desmesurado.

Masacre de la tarde del 2 de octubre

El 2 de octubre de 1968 a las 17:00 horas, estudiantes y civiles se congregaron en la Plaza de Las Tres Culturas de Tlatelolco, ¿el motivo? La exigencia al gobierno de Díaz Ordaz, por adquirir la autonomía universitaria, dar fin a la represión estatal y exhibir la necesidad de obtener mejores condiciones laborales.

Cabe señalar que este movimiento inició en julio de 1968 y, catorce días antes de esa concentración, el ejército nacional irrumpió en dos preparatorias del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),  violado la autonomía universitaria.

Desde entonces, varios jóvenes fueron detenidos y encarcelados. Era justo y razonable que el pueblo estudiantil tuviera valor de reunirse, luchar y gritar por sus derechos. Era claro el disgusto de la sociedad, mientras pocos celebraban, otros preocupados, enardecidos y con osadía hablaban a las masas reunidas en la Plaza.

Los disparos comenzaron desde el tercer piso del edificio Chihuahua, después de que un helicóptero lanzó bengalas de colores, era ‘la señala del inicio de la masacre’. En ese momento se escuchó el estruendo de disparos, con el Batallón Olimpía enfrente; los francotiradores acechaban desde los edificios: el ISSSTE, Molino del Rey y Revolución, ocupaban también las azoteas de departamentos.

Al operativo asistieron hasta 8 mil militares, 300 vehículos armados –entre tanques, autos blindados y jeeps con ametralladoras- como si se tratase de una guerra, de un tú por tú o de iguales.

Semejante operativo quiso realizarse ‘en privado’, ‘a escondidas’, el ejército no permitía el paso a los medios de comunicación, pocos fueron los que lograron documentar el suceso. El saldo fue de al menos 200 muertos, aunque las cifras oficiales solamente reportaron el 10%. Hubo varias decenas de heridos, centenares de detenidos y desaparecidos.

Juegos Olímpicos Vs. Protestas de estudiantes

Además del tiroteo, se presenciaron diversos actos de tortura a los alrededores de la Plaza de las Tres Culturas. El entonces presidente Díaz Ordaz, estaba conteniendo a los estudiantes de una forma brutal, no era casualidad que fuera 10 días antes de la apertura de los Juegos Olímpicos, justo cuando recibió una notificación del comité Olímpico, donde amenazaba con suspender el evento deportivo si las manifestaciones juveniles continuaban.

Para Gustavo Díaz Ordaz, lo que vivía era una conspiración comunista que deseaba sabotear la inauguración de sus Juegos Olímpicos, así que el holocausto fue su modo de exigir la conciliación ciudadana, para que en santa paz se llevaran a cabo los Juegos, al fin y al cabo ¡viva el deporte!

Ningún implicado en la masacre de Tlatelolco cumplió condena alguna por haber formado parte del exterminio estudiantil. Las autoridades tampoco dieron nunca explicaciones, sin embargo, la solidaridad ciudadana siempre ha estado presente, recordando que en ese entonces los silenciaron, llevándose la vida de muchos, y por eso más vale año con año revivir la revolución estudiantil.

Hoy en día, sectores explotados y oprimidos continúan la protesta, las solicitudes y exigencias al gobierno se ampliaron: acceso a la educación, la democratización de los medios de comunicación, el fin del acoso gubernamental, el desarrollo de las instituciones, la lista es interminable.

Poco a poco hemos logrado mayor libertad, mayor expresión y oportunidades, mientras esa impunidad se seguirá exigiendo.

 

 

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